lunes, 29 de septiembre de 2014

Los Grimaldi, príncipes de cuento




Los Grimaldi, foto oficial 

Alberto II de Mónaco, de la dinastía de los Grimaldi, hijo de Raniero III y de la actriz norteamericana Grace Kelly, es un príncipe del siglo XXI en un minúsculo estado producto de la Edad Media. La existencia de ese principado en la Costa Azul francesa es casi un milagro, un cuento de princesas que ha logrado sobrevivir sobre todo gracias a la eficaz labor diplomática de Raniero Grimaldi, verdadero fundador del actual Mónaco.

Raniero III de Mónaco



No vamos a hacer una historia del principado desde sus orígenes, allá en el siglo XIII ganado por el noble de origen genovés Francisco Grimaldi, que en las guerras entre Gibelinos y Güelfos tomó para estos últimos el castillo de Mónaco con la estratagema, cuentan, de disfrazarse de monje y abrir las puertas de la fortaleza a sus guerreros.

Vamos a centrarnos en el siglo XX, y en cómo un noble arruinado pudo convertir su ciudad estado enclavada en plena República de Francia en un próspero principado, paraíso para las principales fortunas del mundo. El juego en el viejo Casino de Montecarlo era ya desde el siglo XIX la principal actividad económica del segundo país más pequeño del mundo, tras la ciudad del Vaticano. Pero el casino que había construido el príncipe Carlos III a mediados del XIX, aprovechando que en los países vecinos, Francia e Italia, se consideraba ilegal el “juego de azar”, era un negocio en la bancarrota en 1950, cuando Raniero fue coronado.

Ingreso en las Naciones Unidas y en el Consejo de Europa


Entre sus logros políticos más destacados encontramos el ingreso del país-ciudad en la ONU. Considerando que las relaciones exteriores y su defensa debían estar controladas, según acuerdos con Francia, por el presidente de la república francesa, que Raniero obtuviese la acreditación como estado miembro suscitó entre su pueblo tanto cariño y popularidad como consiguió al casarse con la bellísima actriz, Grace Kelly.

La Kelly, musa de Alfred Hitchcock, estaba en los años cincuenta en Montecarlo rodando en una producción de Hollywood. Para la historia del pequeño principado, la “conquista” de este joven príncipe del siglo XX fue, si cabe, más importante que la conquista de la fortaleza en 1299 por Francisco Grimaldi. Conquistar a la actriz de moda en Hollywood, siendo “bajito” y no muy agraciado, es una hazaña tan encomiable como tomar un castillo con apenas doscientos soldados, que era el exiguo ejército del noble antepasado de Raniero. 

La bella Grace, en su etapa de actriz

Grace Kelly y las bodas de cine, marcas registradas en Mónaco 



Esa boda real, de cuento de hadas, en 1956, supuso para el país inmerso en la posguerra europea, en el incierto proceso de recuperación económica, la mejor campaña de marketing promocional. El turismo de élite, la alta sociedad de todo el mundo puso sus ojos en ese pequeño país. Convertido, astutamente, en paraíso fiscal y financiero para los nuevos multimillonarios, sobre todo para los del país más rico, las fortunas de los compatriotas de su mujer.

En Europa, el príncipe Raniero también sedujo. Llegó a tener como mentores y mejores amigos a personajes tan influyentes como el presidente de la república francesa, François Miterrand; que le permitieron relaciones especiales y preferentes con la Unión Europea y formar parte del Consejo desde 2004. También le procuraron prestigio y desarrollo a su ciudad estado las políticas inmobiliarias que promovió, favoreciendo la residencia en el principado de millonarios que no sólo hicieran turismo, sino que invirtiesen en las lujosas viviendas o patrocinando los eventos deportivos, como las famosas carreras de Fórmula 1 o el rally de Montecarlo.  

Tradicional Festival de Circo en Mónaco



El principado dejo el siglo XX convertido en una pequeña potencia económica, desde que Raniero falleciese en abril de 2005, su hijo, que ya era regente durante su enfermedad, ha gobernado la ciudad estado en los años más duros de la crisis económica mundial. Sin embargo, en esta crisis financiera parece que el sector del gran lujo no se ha visto muy resentido, todo lo contrario. La familia Grimaldi, con la reciente boda de Alberto, parece que seguirá por muchos siglos más (es la familia gobernante de un principado o reino más “longeva” en Europa) ocupando el trono de Mónaco.

De las épocas felices para Raniero, su mujer Grace y sus hijos, eran las veladas en el tradicional festival internacional de circo en Mónaco, cada Navidad. En la última edición, la actual princesa consorte, Charlene Wittstock, antes de su boda tomó el protagonismo simbolizando el deseo de “normalidad y continuidad” de la dinastía Grimaldi en su “reino de cuento”.

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