lunes, 13 de octubre de 2014

Las caravanas del desierto

Caravana desierto

África es la cuna de la humanidad y es, paradójicamente, el continente más olvidado. Europa vive de espaldas a un continente próximo geográficamente pero muy lejano culturalmente. El Sahara es una gran barrera geofísica, una zona árida, un gran desierto que se extiende desde el Atlántico al Mar Rojo. Además, este “muro geográfico” ha separado al continente del resto del mundo no solo por ser región inhóspita, también por marcar frontera y ser tierra de nadie entre eternos rivales, Occidente y el Islam africano, acrecentando el aislamiento de las regiones subsaharianas.

Sin embargo, muchos pueblos han hecho del desierto, sus dificultades y limitaciones, una forma y lugar de vida.


Las antiguas rutas transaharianas



La vía de comunicación más antigua que se puede documentar está en el Nilo, es una ruta del Egipto anterior a las dinastías y venía a unir el complicado de remontar Mar Rojo con el fácil curso del Nilo y el Mediterráneo. El hecho de que el noreste africano esté en “pendiente”, sea muy escarpada la altiplanicie, permite al gran río Nilo encontrar un fácil camino al mar Mediterráneo aunque sea atravesando un difícil desierto, el Sahara. El Mar Rojo, en cambio, resulta muy costoso de remontar, su navegación hacia el norte se ve impedida por vientos predominantes de dirección contraria.

Se han encontrado restos arqueológicos con grabados y pinturas de barcos de juncos fechados hacia el 4.000 a. de C. que demuestran que desde un punto de la costa del Mar Rojo, en las proximidades de la actual Quseir, hasta la orilla del Nilo a la altura de la actual Qift, las mercancías de los barcos que venían del Índico eran llevados por tierra – ruta del desierto- hasta las barcazas del río, cuya corriente facilitaba la llegada al norte, al Mediterráneo.


Tuaregs en su campamento 

Los tuareg, descendientes del mítico reino de los garamantes



Pero la ruta más legendaria y que puso las bases para la época de esplendor de las caravanas del desierto es la conocida como la ruta de Garama. En el suroeste de la actual Libia, la región de Fezzan (de actualidad candente en estos últimos meses), se desarrolló una civilización o reino desde fechas muy antiguas, entre el 1.000 a. de C. y el 600 d. de C., poco antes del dominio total de la zona por los árabes. Sus habitantes eran agricultores y ganaderos gracias a las aguas subterráneas.

Los yacimientos arqueológicos principales, alrededor de la que se piensa capital del reino, Garama, nos hablan de un reino que logró ser independiente de Roma y que vivió prósperamente del comercio con el imperio, de sus caravanas de productos africanos y de esclavos negros que llegaban a Trípoli atravesando el desierto del Sahara.

Parece que la desaparición del reino de los garamantes de debe más al fin de las aguas subterráneas, la imposibilidad de seguir cultivando y la necesidad de pasar a ser solamente ganaderos trashumantes o comerciantes de sal, que a la irrupción de un pueblo invasor y conquistador. Para muchos investigadores en estos habitantes del reino de Garama estarían los orígenes de los tuareg y su forma de vida de caravaneros.


La edad de oro de las caravanas del desierto



Es precisamente con la llegada del Islam y los árabes que el Sahara y sus territorios al sur recobran interés para los europeos. Desde finales del siglo VII hasta bien entrado el XVI las rutas transaharianas suponían un mercado con un volumen de movimiento comercial nada despreciable. El oro, la sal y los esclavos eran los principales productos que exportaba el Sahara; los productos agrícolas mediterráneos, artículos de lujo y libros era lo que más recibía a cambio.

El uso del camello y del dromedario supuso toda una revolución del transporte. El dromedario fue el más usado, a miles, sin exagerar. Caravanas interminables de estos animales resistentes al rigor climático del desierto, a los que se les engordaba antes de salir y su sistema de retención de grasas y líquidos les permite beber poco y poder recorrer cientos de kilómetros sin apenas probar bocado.

Cada semestre salía una caravana, cientos de estos animales cargados hasta lo imposible. Llevando el oro del Níger hasta las costas de Argel, llevando a los esclavos negros del Chad hasta Trípoli y El Cairo. La sal, tan necesaria en la Antigüedad y la Edad Media (conservante alimentario) y tan abundante en el Sahara, se transportaba de sur a norte, de este a oeste. Hasta 1945 se dieron caravanas de sal atravesando el Sahara, era la forma de ganarse la vida más común entre los tuareg, hasta que llegó la baza del tráfico de armas y de personas.

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