martes, 12 de mayo de 2015

Bismarck, el acorazado invencible


Fue hundido el 27 de mayo de 1941. El Bismarck, junto con el Titanic, es el barco más famoso del mundo una vez que estuvo bajo el mar. En vida los buques citados fueron, cada uno en lo suyo, los más grandes y mejor dotados de la historia de la navegación. En el caso del Bismarck se puede decir que consolidó y cerró una etapa en la marina de guerra.


El uso de los acorazados hasta el inicio de la Segunda Guerra Mundial había resultado ser el arma clave de las batallas navales modernas, ahora la irrupción de portaaviones y submarinos cambiaba la cosa. La Marina de Guerra Alemana no desequilibraba la balanza a su favor en la contienda, pero el buen uso de sus navíos y lo avanzado de sus técnicas bastó para mantener el pulso con los aliados durante casi todo el conflicto.

Bismarck, una historia de leyenda


Barcos de guerra similares al Bismarck existían en la misma contienda; tenía un gemelo dentro de la Kriegsmarine (Marina de guerra de Alemania), el también temido Tirpitz, y estaban los japoneses Musashi y Yamato, pero ninguno de ellos pasó al “Olimpo” de los buques militares como el Bismarck. El acorazado alemán entró en la historia al hundir a otro mítico navío, al buque insignia de la Royal Navy, el Hood, con varias maniobras perfectas que han pasado a los anales de las guerras navales. Hundieron al barco capitán británico en 6 minutos de cañoneo certero.

La persecución para hundir al acorazado alemán que los Aliados emprendieron tras ese hundimiento tan osado del Hood fue tan épica que el mismo Churchill, sabedor de la necesidad de mantener el prestigio de la Armada británica como la mejor armada del mundo, dio la orden tajante que ha servido para títulos de películas y documentales: "Hundid al Bismarck". El objetivo del Alto Mando británico se logró, pero a un elevado coste humano y material.



Bismarck; la mejor defensa, un buen ataque


A pesar de no poder competir con la Royal Navy en dotación de personal, buques y experiencia, la Kriegsmarine tuvo desde los inicios de la guerra una actitud ofensiva, de hostigamiento y acoso a los convoyes de mercantes aliados que atravesaban el Atlántico o cruzaban el Canal de La Mancha. La estrategia de ataque constante obligaba a los aliados a reforzar las escoltas de los convoyes más grandes y vitales, barcos importantes de la Royal Navy se veían obligados a descuidar otras zonas o a dejar de ser disuasivos en escenarios como el Mediterráneo.

Churchill así lo entendió y se empeñó en mermar la capacidad ofensiva de la Armada germana. Lo consiguió, superando el revés inicial del Hood con el gran logro de hundir al Bismarck; desde entonces, la Kriegsmarine tuvo que ponerse a la defensiva, convenciendo al mismo Hitler de la imprudencia de seguir atacando sin miramientos al corazón del Atlántico. Luego la invasión rusa y el revés que supuso para los planes nazis de expansión, hizo llegar mucho menos petróleo de Ucrania y de la misma Rusia a los puertos controlados por la Alemania nazi.


Una de las pocas fotos del Bismarck en color


El hundimiento del Bismarck


En la madrugada del 24 de mayo de 1941 tenía lugar la ‘batalla de Islandia o batalla del Estrecho de Dinamarca’, tan sólo 15 minutos de lucha entre “monstruos marinos”. El resultado favorable para el Bismarck supuso, en realidad, su sentencia de muerte. Al hundir al Hood, provocando la muerte de sus 1421 tripulantes, incluido el condecorado vicealmirante Holland, inició la más espectacular persecución de barcos de guerra de la historia. Al Bismarck le habían herido, con tres impactos (probablemente del buque escudero del crucero Hood, el Prince of Wales), que le hacían perder mucho combustible y dejar un nítido rastro a sus perseguidores.

Una parte del poder bélico del Bismarck


La clave para hundir al Bismarck fue la llegada a la zona de operaciones de varios portaaviones, con su intervención pudo aumentarse el acoso por aire y mar al gran acorazado alemán y a su buque de apoyo, el crucero pesado Prinz Eugen. Sin embargo, durante día y medio el Bismarck y el Prinz Eugen lograron mediante una brillante maniobra de distracción desaparecer del campo visual de sus perseguidores. Un avión tipo Catalina, que despegó de Irlanda del Norte, localizó al acorazado alemán a las 3 de la madrugada del 26 de mayo. Ya no le volverían a perder.

Otros aviones de un modelo anticuado, quince Swordfish que habían despegado del portaaviones Ark Royal lograron alcanzar con dos torpedos al Bismarck, uno de ellos inutilizó el timón. A la deriva el acorazado fue presa más asequible a los nuevos buques llegados en su búsqueda, los acorazados británicos Rodney y King George V y el crucero pesado Norfolk. Fue un festín de cañonazos y de los más de 2.000 marineros alemanes sólo se salvaron 115 y la mayoría de ellos fueron hechos prisioneros.

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