sábado, 23 de mayo de 2015

Mariana Pineda, una heroína de la libertad

Pepa Flores en el papel de Mariana Pineda

Mariana Pineda, heroína del siglo XIX español, su vida es inspiradora de obras sobre la libertad e igualdad. García Lorca escribió en 1925 una obra de teatro basada en la leyenda de esta mujer, canto al liberalismo, “Mariana Pineda, romance popular en tres estampas”.

Otra conocida versión es la serie realizada para TVE, protagonizada por Pepa Flores, la actriz de la foto que acompaña al artículo. “Proceso a Mariana Pineda” se estrenó en 1984, dirigida por Rafael Moreno Alba, consta de cuatro capítulos y sus guiones están bien documentados, basados en los documentos oficiales conservados de su juicio.

Nace en Granada


Nació el 1 de septiembre de 1804 en Granada, fruto de una singular pareja, que parecía predecir lo que sería su vida sentimental. El padre, capitán de navío, Mariano de Pineda y Ramírez, le sacaba más de treinta años a la madre, María de los Dolores Muñoz. Él noble, ella de extracción humilde. Quizás por eso nunca llegaron a casarse y Mariana es, tras perder una primera hija, el segundo vástago de una pareja de hecho del XIX; algo singularmente “liberal” en esos días.

Ella se casará para evitar las malas lenguas muy joven, cumplidos los quince años, con un militar liberal, Manuel Peralta Balte. Había quedado huérfana de padre con sólo 2 años y pasó a ser su tutor un tío, hermano paterno de fama liberal y bohemia, solterón y juerguista. El matrimonio con el oficial Peralta no dura mucho, enviuda en 1822, habiendo tenido tiempo para darle dos hijos, pero nada de porvenir económico.



Una mujer frente al Absolutismo


Los grabados de la época parecen confirmar que era tan bella, rubia de piel muy blanca y de ojos azules, como los cronistas la describían. Generaba en los hombres desconcierto, evidentemente por su físico, aunque también en el bando liberal y en el absolutista por su decidida implicación en la lucha por el liberalismo constitucional.

En poco tiempo va siendo conocida en los círculos liberales, recibida en las reuniones clandestinas que en Gibraltar van armando la revuelta contra el régimen de Fernando VII. Tendrá pretendientes que quieren esposar a esa joven viuda, de la importancia de caballeros como el que luego sería el afamado ministro de Hacienda, marqués de Salamanca.

Curiosamente, como hicieron sus padres, ella se emparejó, sin llegar a volver a casarse, con otro caballero, que casualidad también llegó a ser ministro en hacienda muchos años después, en el reinado de Isabel II, don José de la Peña y Aguayo. Tuvieron una hija, última alegría de Mariana en su corta vida.

Muere en Granada


Su procesamiento acusada de alta traición fue seguido por toda la sociedad convulsa del siglo XIX español, con un apoyo popular a su causa y a su persona de gran trascendencia. Hay biógrafos y estudiosos de la época que han encontrado canciones y romances populares en apoyo de la heroína andaluza en países como Italia, Portugal o la Argentina. Se convirtió, sin duda, en un símbolo de la lucha por las libertades populares.

El hecho de que su caso coincida con el surgimiento del Romanticismo como corriente artística y literaria, incrementó las pinceladas de leyenda y de tragedia en su historia. El comisario que llevó su caso, varios años siguiendo su actividad conspirativa, Ramón Pedrosa, dicen estaba enamorado secretamente de Mariana, por lo que su arresto y ensañamiento procesal se mezclan con el despecho amoroso.

La oportunidad de arrestarla y de juzgarla por alta traición surgió tras un registro en su casa, donde se encontraron una bandera morada con un triángulo verde (símbolo masónico) y las palabras bordadas en rojo: Igualdad, libertad y ley. Un chivatazo por la indiscreción de una de las criadas que la ayudó a bordarla proporcionó el “cuerpo del delito” para procesarla en un juicio con graves irregularidades y condenarla a muerte, a “garrote vil”. Se cumplió sentencia en la Plaza del Triunfo de Granada, públicamente, el 26 de mayo de 1831.



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