jueves, 14 de abril de 2016

Los comuneros de Castilla; ¿quiénes fueron y qué significó su revuelta?

Recreación del pintor Antonio Gisbert (1860) de la ejecución de los Comuneros en Villalar, el 24 de abril de 1521, un día después de la derrota de sus milicias urbanas a manos del Ejército Realista (Carlos V)


Lo primero es situar en el contexto adecuado este hecho que ha llamado siempre la curiosidad de estudiosos y de la gente común en España. Está sujeto a la dinámica de inestabilidad que existía en Castilla desde la muerte de Isabel La Católica en 1504 y el problema sucesorio que suscitó. El hecho de que la Corona de Castilla fuese a parar a Juana, con el apelativo de ‘Loca’, y a su esposo, Felipe, con el sobrenombre de ‘el Hermoso’, duque de Borgoña (Flandes, actual Bélgica), trajo desde la coronación, en el año de 1506, la suspicacia de la nobleza y burguesía castellana de que los asuntos castellanos quedaban en manos “extranjeras”, incapaces de dar estabilidad a la Corona en un momento de crisis económica y social.

Con lo que costó asumir el papel de soberano en Castilla de Fernando el Católico, aragonés, ahora parecía que se empezaba de cero de nuevo. Más cuando todos los reinos peninsulares, a la muerte de Felipe (1506) y de Fernando (1516), fueron heredaros por el hijo y nieto de ambos, respectivamente, Carlos. Joven que con 16 años se autoproclamó (reclamándolos) monarca de los reinos hispánicos, desde su Flandes natal y sin hablar una palabra de castellano. La corte flamenca que se trajo desde su llegada a España a finales de 1517 comenzó a obtener prebendas y cargos de poder que antes correspondían a castellanos. El más escandaloso, dar el título de arzobispo de Toledo a un joven cortesano flamenco, Guillermo de Croy, para suceder al venerado Cardenal Cisneros, que había sido regente de Castilla.

Toledo, primera (y última) ciudad-comunidad que demuestra su malestar contra la Corte


Tras las fallidas Cortes de Santiago de Compostela, donde los procuradores de las ciudades castellanas denegaron el servicio (subvención) a la Corona para la investidura imperial del rey Carlos en Alemania, el monarca las disuelve y consigue convocar nuevas Cortes en La Coruña donde la mayoría de regidores castellanos votan a favor del servicio. Parte de inmediato, mayo 1520, hacia Alemania para ser electo emperador. Pero la negativa de las primeras Cortes ya demostraba un malestar en las ciudades castellanas con este propósito, que para colmo se empeora cuando Carlos I deja a Adriano de Utrecht como regente en España.

Escultura dedicada a Padilla en Toledo, es obra del escultor Julio Martín de Vidales


Una de las características más claras y que no se pone en cuestión en el debate histórico que existe sobre este fenómeno revolucionario del siglo XVI, es que la sublevación contra Carlos V, el rey-emperador, fue urbana. Las ciudades de casi toda Castilla, de las dos mesetas, se hicieron comuneras, a excepción de las ciudades grandes de Ciudad Rodrigo y Cáceres, además de las urbes andaluzas, posesiones castellanas pero que no sintieron la llamada a la “Comunidad castellana”. Burgos y Tordesillas tuvieron periodos de pertenencia a ambos bandos y en Ávila se llegó a reunir una Junta de las ciudades que encabezaban la revuelta, Toledo, Segovia, Toro y Salamanca; donde se redactó la llamada “Constitución de Ávila”, un primer intento de Ley “comunitaria” de todo el Reino.



La derrota comunera en Villalar en 1521 y el foco de resistencia toledana hasta 1522


Durante casi un año las armas fueron las protagonistas. Los comuneros logran liberar a Segovia en junio de 1520 de un asedio que capitaneado por el alcalde realista Rodrigo Ronquedo pretendía forzar a la ciudad a volver al mandato de la Corona. Fue la primera confrontación armada de importancia. Luego se pasó a un periodo “negociador” por ambas partes, desde que en agosto se reunieron las Comunidades en Tordesillas, con la intención de desbancar al Consejo Real del poder mediante el aval regio de la reina madre, Juana La loca. Pero en realidad supuso una “tregua militar” para financiar y reforzar los ejércitos que estaban preparando los dos bandos, comunero y realista.

Pedro Girón era el único noble comunero de “cuna alta”, quizá despechado por no conseguir del rey el título de Duque de Medina Sidonia, y se puso al frente del ejército de la Junta Comunera. Pero su salida de Tordesillas sin dejar una buena guarnición fue aprovechada por el bando realista, que reconquistó la villa para la causa del rey. Los comuneros perdían la baza legalista de la reina Juana y muchos procuradores de las ciudades sublevadas fueron hechos prisioneros. El desconcierto y la desmoralización se extendió entre la revuelta comunera.

Obelisco en Villalar, justo donde fueron ejecutados Bravo, Padilla y Maldonado 

Gracias al carisma de Juan de Padilla, que tomaría el liderazgo militar en detrimento de un cuestionado Girón, los comuneros idearon una serie de ataques para elevar la moral de los sublevados y mejorar las posiciones estratégicas en el campo de batalla. Mientras Juan de Padilla, capitán comunero de Toledo, tomaba en febrero de 1521 el imponente castillo de Torrelobatón, enclave que dominaba el principal cruce de caminos en esa comarca de Valladolid, el otro rebelde comunero, Juan Bravo, regidor segoviano, se hacía con Simancas y Zaratán, localidades próximas a Valladolid. La moral comunera se revitalizó, pero en el campo político se cometerían errores que llevarían a nuevas derrotas en el campo de batalla.

Fortaleza-castillo de Torrelobatón

Los refuerzos comuneros para la fortaleza de Torrelobatón no llegaban y Padilla creyó mejor marchar a Toro, zona controlada por los hermanos Maldonado, para conseguir mayor reclutamiento. El 23 de abril de 1521 era un día de mucha lluvia, el camino enfangado hizo lento el avance comunero que se vio interceptado por el Ejército Real a la altura de Villalar, cargando la caballería del emperador contra los milicianos comuneros que no pudieron desplegarse. Mil bajas se calcula tuvo el ejército comunero, que ya no lograría recomponerse. Los líderes comuneros, Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado, fueron ejecutados al día siguiente en la plaza mayor de Villalar mediante decapitación pública.

Toledo, gracias al mismo carisma libertario que tenía la mujer de Padilla, María Pacheco, lograría encender de nuevo el espíritu comunero en una revuelta en febrero de 1522, motivada por la negativa de la Comunidad (artesanos, comerciantes, burgueses de la ciudad) y de la líder comunera a entregar al corregidor realista las armas de la revuelta, hasta no recibir la garantía del mismo rey, con la firma de Carlos V. Pero con engaños, se fijó una tregua que sirvió para desarmar a los comuneros y acabar con todo resquicio de rebelión. La Pacheco logró exiliarse en Portugal, donde moriría en 1531.


*Bibliografía básica empleada:
"Los Comuneros" de Joseph Pérez. En Biblioteca de Historia, de Historia 16.




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