Origen de la pasta de dientes; el dentífrico viene de los egipcios

Colgate es la marca pionera en comercializar pasta de dientes en tubos

Muchas veces pensamos que las cosas que utilizamos en este mundo tan globalizado provienen de los romanos. Pues sí y no. Como la globalización está monopolizada por la cultura occidental, que se origina en el mundo grecolatino, nos encontramos con la idea generalizada de que la mayoría de los inventos, máquinas y utensilios de hoy provienen del ingenio de la antigua Roma. Aunque sus ingenieros eran muy buenos, muchos de los inventos que ahora utilizamos tienen orígenes más “orientales”. Es el caso de la pasta de dientes o dentífrico, que ya se usaba en el Egipto de los faraones para limpiarse la dentadura y la boca. Imaginen el aliento nauseabundo que predominaría en la Antigüedad, donde la higiene (en general) era muy descuidada.

Aparece en fuentes documentales del siglo IV a. C. que los egipcios usaban una crema realizada con la mezcla de agua con ingredientes en polvo, triturando piedra pómez, sal y pimienta con algunas hierbas y flores. Los griegos y romanos de las clases altas adquirirían esa costumbre, aunque entre la gente común era muy habitual enjaguarse la boca con el propio orín. Desde luego, propiedades sódicas y abrasivas (necesarias para limpiar esmalte) tienen los orines; eso sí, el mal olor bucal se permutaba por un omnipresente aroma a orín. Luego, existe un antecedente remoto siempre injustamente olvidado. Es habitual obviar que también existía una proto pasta de dientes en las hierbas aromáticas, hojas y raíces, mascadas por los indígenas de culturas mesoamericanas.


Los compuestos creados en todas las culturas buscaban blanquear los dientes y acabar con el mal aliento. Los primitivos dentistas solían quitar todo lo podrido para evitar dolores y el mal olor. La higiene bucal preocupaba, claro, pero pocos contaban con una alquimia propia para realizar las pastas dentales más usadas, basadas en compuestos sódicos y ácidos (vinagre, sal). El progreso tecnológico del siglo XIX también trajo una mayor preocupación por la sanidad pública. Con un nombre tan rimbombante, Washington Wentworth Sheffield, un cirujano dental de Connecticut es el merecedor del título de inventor de la pasta dentífrica tal y como hoy la conocemos. La comenzó a usar en 1852 con sus pacientes y ya tenía compuestos de sales minerales como los fluoruros. Elemento generalizado y base de los actuales dentífricos.


Para completar esta breve historia del origen de la pasta de dientes, mencionar a dos personajes que terminan de “inventar” el dentífrico tal y como hoy lo conocemos y usamos. Ambos son “hijos de precusores”. Se trata de Lucius Sheffield, hijo del inventor de la pasta de dientes, Dr. W. Sheffield, que tiene la genial idea al fijarse en los tubos de pintura al óleo de introducir la pasta inventada por su padre en este tipo de recipiente. Ya no podríamos asociar al dentífrico a otra mejor manera de administrarlo en el cepillo que mediante un tubo. La otra persona que dejará su huella en la historia de la pasta de dientes es Samuel Colgate, hijo del millonario comerciante de jabones y perfumes, William Colgate. Los Colgate se asocian en Nueva York con Lucius Sheffield para comercializar a gran escala el tubo de pasta de dientes. Invento con más de cinco mil años, usado en nuestro día a día. 

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