viernes, 2 de junio de 2017

Martes y 13 ¿Por qué el número 13 asusta a los supersticiosos?


Para los historiadores cien años es algo así como un suspiro en la cabina de un ascensor, un instante. Incluso mil años parecen pocos cuando nos adentramos en la Historia Antigua y estudiamos las civilizaciones primarias y milenarias. El caso es que un calendario de los antiguos mayas mal interpretado hizo correr regueros de tinta sobre el Fin del Mundo, una combinación numérica y una fecha puede ser una amenaza apocalíptica para la humanidad. Incluso hay números con una carga negativa por sí mismos, el 13 es un número para muchos gafado.

¿Por qué tiene tan mala prensa el 13?

Ya sabe, en martes y 13  ni se case ni se embarque. Iniciar cualquier asunto importante un día 13 está considerado de mal augurio. En la cultura latina es el martes, para los anglosajones el 13 da mala suerte o infunde temor si cae en viernes; es el Viernes 13. Esa etiqueta maléfica se resume en una extensa serie de películas de terror, demostrando que es el día que atemoriza a los ciudadanos de cultura anglosajona, tan temido como un martes y 13. Pero, ¿por qué el 13 daría mala suerte?

Porque eran 12 los Apóstoles y el 13º era el sobrante traidor (Judas) en la 'Última Cena'. En realidad el número 13 podría ser considerado Jesucristo, por lo que el 12 + 1 tendría que valorarse como positivo. Entre las culturas cristianas esta ha sido la explicación más extendida; aunque se dan precedentes en culturas anteriores (como los citados mayas, por ejemplo, que dan al 13 un carácter sagrado) donde la argumentación sería por cuestiones de encaje matemático del universo. En ese encaje el 13 solía ser el número impar que no lograba nunca casar en un grupo de 6 parejas, no podía emparejarse y se quedaba triste y solo: acabado, finiquitado. Es otra explicación, aunque estaría, en cierta forma, relacionada con el intruso “traidor” sobrante de la 'Última Cena'.


Cuestión de numerología

Los expertos y estudiosos de los números creen que la idea de mala suerte y mal augurio del número 13 estaría relacionado con el auténtico número del infortunio, que para los numerólogos es el 4. Es decir, 1 + 3, cuatro, da el número 4 que es verdadero mal número. De la composición que forma el 4 para la numerología, 1-3, saldría el trece, el 13 quedaría como el número de la mala fortuna. El dígito numérico con maleficio porque siempre está condenado a sumar 4.

Uno de los tratados espirituales más conocidos, la Cábala de los judíos, también tiene al 13 como número maligno: enumera a trece espíritus malignos. La tradición de los dioses escandinavos en sus altares divinos también colocaba a 13 malos seres semidioses, que se enfrentaban a sus divinidades benévolas. El capítulo 13 del Apocalipsis en la Biblia se refiere al Anticristo (el Maligno). También dice otro mito que Cristo fue crucificado un martes y 13.

El 13 es la muerte en el tarot

Para los creyentes y aficionados al arte adivinatorio de cartas del Tarot, la carta 13 representa a la muerte. La calavera y la guadaña acompañan al número 13 como símbolo del fin de los fines: la muerte. Toda pretensión científica de racionalizar los por qués sobre esta etiqueta de fatalidad, infortunio y muerte al número 13 se quedaría en banalidad. A lo más podemos constatar que sea cierta o no esa relación del trece con sus fatales consecuencias, el “por si acaso” funciona a todos los niveles, hasta en los más racionales, como la ingeniería aeronáutica.

No encontrarán al número 13 como fila de asientos en los aviones, ninguna compañía se ha atrevido a poner plazas en una fila 13, no se venderían muchas con toda probabilidad. En las salas de cine muy grandes se evita ese número, enumerando las hileras de asientos con números pares. En hoteles y hospitales se evita la planta número 13 o las habitaciones con ese número. En Madrid, por poner un ejemplo del colmo del “por si acaso”, no existe la línea 13 de Metro.

En definitiva, el 13 martes o viernes nos va acompañar durante alguno de los 365 días del año. Ser o no ser supersticioso, es la cuestión.

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